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Bienvenidos a mi blog, un lugar para reflexionar sobre el cine | Welcome to my blog, a place to reflect about cinema

miércoles, 22 de febrero de 2012

El Gobierno de Aragón aprueba un convenio con la Academia de Cine para difundir el cine español en los centros educativos

Hoy gracias a mi amiga Virginia Llera, una gran cineasta y activista por la industria española cinematográfica, he leído una noticia que me agrada mucho y espero que pronto se extienda por el resto de comunidades autónomas de España. La noticia tiene fecha del 21 de febrero y está extraída de www.porlared.com Os la transcribo directamente:

El Consejo de Gobierno de Aragón ha aprobado hoy, 21 de febrero, un convenio de colaboración entre el Departamento de Educación, Universidad, Cultura y Deporte y la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, para desarrollar el proyecto educativo "Cine en las aulas".

La iniciativa permitirá llevar a los centros educativos aragoneses películas españolas representativas de nuestro patrimonio cinematográfico. De seleccionarlas se encargará la Academia de Cine, siguiendo criterios pedagógicos. Los filmes serán editados anualmente, junto a unas guías didácticas que profesores y alumnos podrán utilizar en diversas materias para trabajar, entre otros aspectos, el lenguaje audiovisual y cinematográfico. El proyecto prevé además la elaboración de una versión on line accesible para los centros de enseñanza.

El Departamento de Educación, Universidad, Cultura y Deporte aportará el proyecto la experiencia acumulada en el programa educativo "Un día de cine", que se desarrolla con la colaboración de la Obra Social y Cultural de la CAI y la Fundación Anselmo Pie, dentro de las líneas de trabajo que incorporan los materiales audiovisuales en la formación del alumnado. Los objetivos que persigue esta iniciativa son introducir el cine como arte en los institutos, crear espectadores críticos y enseñar al alumno otro tipo de películas y formas de acercarse a ellas.

jueves, 16 de febrero de 2012

De Tron a Matrix, el espacio virtual.

Aprovechando ese continuo intento de eclosión del 3D, recupero un artículo que escribí hace ya más de una década con motivo del estreno de The Matrix en el que repaso la evolución del espacio virtual en el cine. En parte es un homenaje a Tron y un reconocimiento a la revolución lograda por los hermanos Wachowski.

Cuando los 80's cayeron como una losa sobre el mundo del cine, éste se vio avocado irremediablemente a una dura crisis que muchos vieron ya como el final del cine y la nueva era del vídeo. Empiezan a aparecer personajes que experimentan con el vídeo, como el coreano Nam Yu Pike, y la gente de a pie empieza a la cómoda, y barata, alternativa de los vídeo clubs. Es decir, el vídeo por un lado empieza a verse por un lado como una nueva forma de expresión artística y por otro lado en lo comercial también se ve capaz de imponerse al celuloide, así que ¿por qué no matar de una vez al cine? Pero un grupo de personas formado por nostálgicos y por quienes sabían de la verdadera ventaja del cine frente al vídeo (una calidad y resolución aun hoy insuperables) decidieron agotar sus últimos cartuchos para salvar a los proyectores y sus películas, así que los productores, que también les iba el negocio en ello, empezaron a probar nuevas técnicas digitales con unos hoy antediluvianos ordenadores con los que las películas podían introducir algo nuevo y espectacular que hiciera a la gente volver al cine pues, como era obvio, ciertas imágenes y escenas resultaban tremendamente más espectaculares en la gran pantalla. Así, aunque ya habíamos visto películas tocadas por la mano del ordenador como 2001 Odisea en el espacio de Stanley Kubrik (1968) y La Guerra de las Galaxias de George Lucas (1977), no tardaría en llegar la gran revolución del cine con efectos digitales más allá de lo hasta entonces imaginable.

En 1982 todos los patrones del cine hasta entonces quedarán descolocados con un título definitivo en el cine fantástico, Tron, de Steven Lizberger, en la que Jeff Bridges, un programador arruinado, se ve atrapado por el ordenador y tiene que enfrentarse a programas informáticos a la vez que busca quien lo pueda ayudar desde fuera para regresar al mundo real. Esta película es la primera que aparece en pantalla con efectos digitales creado con ordenador, pero la clave de su éxito estaba, precisamente, en que no se quedaba ahí, sino que además poseía un buen argumento y una historia nueva, tan nueva como su estética digital que, aunque hoy nos pueda parecer prehistórica, en su día no solo fue impactante sino que también llegó a inspirar la vestimenta de algunas tribus urbanas. Se puede decir tranquilamente por tanto que Tron fur la que puso la primera piedra del templo de la realidad virtual en al cine, pues abrió un camino sin el cual hoy no podríamos imaginar el cine.

A la película de Lizberger le seguirán numerosos títulos que tenderán a la introducirnos en ese mundo digital, virtual, que nos acerca al futuro, como la última creación de Spielberg, Minority Report (2002) hace presente el futuro a partir de una realidad virtual, siguiendo la reciente tradición de Matrix (1999) de los Hnos. Wachowski. A estos nuevos efectos digitales que se introducían en el cine contribuyeron en buena medida las investigaciones del vídeoasta Z. Ricinsky en su versión de “La escalinata” del Acorazado Potemkin, donde empleaba un tratamiento de imagen preexistente (la película de Eisenstein) e imágenes creadas por él unidas a principios de los 80, técnicas de las que se aprovecharán posteriormente películas como Forrest Gump en los 90 o El Amor perjudica Seriamente la Salud; en España, que continúan estas técnicas de manipulación de imagen transformando un texto objetivo en un objeto totalmente diferente.

En la animación hay planteamientos visuales y narrativos muy diferentes, Disney ha seguido una constante, frente a Dream Works que ha optado por otra linea. Evolucionan desde un “cartoon” más artesano hasta un tratamiento informático que permite mayor libertad y planteamientos narrativos más realistas. Cambian los cánones de creatividad de las mesas y los acetatos a los ordenadores cada uno para una parte del dibujo y la animación. El sector crece gracias a determinados productores de Hollywood que han creído en la creatividad sin caer en los códigos de Disney, sino con cabida a otros estilos que den entrada a más públicos. Un buen ejemplo es Shrek, película de asombrosa perfección en movimientos y naturalidad de los personajes y la animación.

Los filmes comienzan a hablar de un futuro virtual, como El show de Truman (1998), película que propone un espacio imaginario en el que uno puede vivir, espacio diferente al de otras películas como Dune (1984), de David Lynch, Fuerza Vital (1985) de Tobe Hooper, filme este último de terror / ciencia-ficción realmente inquietante que recuerda en gran medida La Invasión de los Ladrones de Ultracuerpos. Más tarde, ya en los 90, aparece Desafío Total (1990) de Paul Verhoeven, que en su día fue la película más cara de la historia y eso se nota, sobre todo en los efectos especiales y en la recreación de escenarios. En realidad nos hablan de espacios inexistentes que se hacen presentes, como en Existence de Cronenberg, donde el espacio al que se conecta se convierte en parte de ella. La producción de cine se convierte en un mero emulador de espacios que conocemos, el cine viaja ahora más al futuro para que no lo tengamos tan lejano. La creatividad derivada de la Ciencia-Ficción que impregna nuestra mente (desde las novelas de Julio Verne), línea en la que estamos desde hace unos ocho años.

La evolución a lo largo de la historia del cine de ciencia-ficción continúa con otros títulos. La primera película que incorpora elementos de realidad virtual de una forma total es El cortador de césped (1992) de Brett Leonard, a pesar de todo, otras películas anteriores, mejores y más interesantes. Lo que hacía interesante El Cortador de Césped eran las imágenes generadas por ordenador que representaban los entornos virtuales. La escena de cybersexo era brillante, una verdadera experiencia visual, donde los cuerpos virtuales de los amantes se retorcían iniciando el erotismo del siglo XXI, sexo sin contacto físico. La realidad virtual en el cine superó el efecto de El Cortador de Césped con películas de acción futurista como Johnny Mnemonic y Días extraños.

En Johnny Mnemonic, un thriller de ciencia-ficción, se reproducía digitalmente el ciberespacio de una forma viva e imaginativa, como no se había hecho antes. La realidad virtual era un medio donde se desarrollaba la acción trepidante de la película. Acoso, de Barry Levinson, también cambiaba la referencia visual de la realidad virtual que había dejado El Cortador de Césped.

Y en esto llega Matrix (1999), de Larry y Andy Wachowski. Matrix logra unos espectaculares efectos especiales, gracias a ello se llevó 4 oscar, y es que The Matrix ha formado un ayer y un hoy en el mundo de los efectos especiales. La película parte de una premisa: existen dos realidades, una que consiste en la vida que vivimos cada día, y otra que se encuentra detrás de ella. Una es un sueño. La otra es MATRIX. El aspecto visual y la acción vertiginosa que se desarrolla en Matrix son absolutamente novedosos. Esto es debido a una combinación de efectos especiales, cámaras de alta velocidad, cables de tracción e imágenes generadas por ordenador, todo ello supeditado a la labor de diseño de Own Paterson y a la imaginación de los hermanos Wachowski. En la película son extraordinarias las persecuciones y las luchas, subiendo por las paredes, corriendo por el techo o saltando de edificio en edificio. Aquí se conjugan varias técnicas y las imágenes sintéticas acuden a rellenar digitalmente los huecos dejados por el montaje y la pantalla de croma verde.

sábado, 14 de enero de 2012

Estreno mundial de Blondi

Esta misma tarde he asistido al estreno de Blondi, el perro de Hitler, un cortometraje del cineasta Hugo de la Riva, un talento inconmensurable que vive en Alcázar de Juan. Este joven costometrajista, introvertido y que rehuye las cámaras y los micrófonos cuando es el el que debe ponerse delante, ha logrado crear un universo mágico con sus cortos, de historias directas y sencillas que impactan como pueda hacerlo cualquier gran producción.

Blondi es una historia bonita, sobretodo para aquellos a los que les gusten los animales, una historia basada en la verdadera existencia del perro de Hitler que nos muestra los más execrables sentimientos humanos de un soldado que llega a desconcertar porque no terminamos de saber si es o no humano (en cuanto a sus sentimientos). La película realmente me ha sorprendido y el corto logra abrir como platos los ojos del espectador, que se lleva una sorpresa impensable al inicio del mismo. En definitiva, muy buena película de 20 minutos de duración que nos demuestra una vez más que Hugo de la Riva merece una oportunidad para saltar al largometraje, algo ciertamente difícil y más aun en estos tiempos de ruina económica generalizada. Además el realizador ha logrado junto con Pablo Conde llenar la sala de cine y la posterior fiesta de estreno con lo más granado de la sociedad alcazareña (políticos, artistas, medios de comunicación, etc)

¡Enhorabuena, Hugo!

sábado, 3 de diciembre de 2011

ARTE Vs INDUSTRIA. La cruel realidad del cine

Se apagan las luces, suena un leve chasquido en la ventanilla que hay sobre nuestras cabezas y un flujo de luz va a estrellarse contra una gran superficie blanca que permanece inmóvil frente a nosotros, ¡la función ha comenzado!

El cine ha jugado un papel muy diverso en nuestra sociedad y, prácticamente, en todas las sociedades del mundo. El cine nos ha mostrado el horror de la guerra en películas como Apocalipsis Now o Good Morning Vietnam, nos ha mostrado la dureza de la vida cotidiana (El ladrón de bicicletas, Solas, etc) nos ha puesto ante los ojos la fantasía y la magia (Viaje a través de lo imposible, Pesadilla antes de Navidad, etc) incluso el propio mundo del cine en una especie de “metacine” con películas como Fade to Black, La niña de tus ojos, etc. Esto es algo que han venido haciendo todas las artes, la literatura como la que más se aproxima al cine en cuanto a narración, pero también el resto de artes: la pintura, la escultura, el teatro, incluso la arquitectura nos muestra los distintos aspectos de la vida. Al igual que Rubens se rodeaba de sus discípulos en su taller y se limitaba a dar las instrucciones para realizar su obra, mientras sus aventajados alumnos se dedicaron a terminar sus cientos de cuadros, hoy en día el realizador cinematográfico se rodea de su equipo bajo la supervisión del productor y emprende empresas que, al margen del riesgo comercial, suponen todo un reto creador. La película, el resultado final será objeto de críticas por parte de especialistas en revistas y otros medios especializados o no, será objeto de culto o de desprecio por la sociedad que la contemple, será motivo de adhesiones fanáticas o de odios irrefrenables. Qué puede provocar reacciones tales en nuestro mundo sino una obra de arte, qué puede hoy en día acarrear sentimientos tales como el afán de coleccionismo o la veneración de un su autor que no sea una creación artística, solo las obras de arte alcanzan tal honor en nuestros días, y entiéndase esto como un larguísimo periodo de tiempo.

No creo que erremos si afirmamos con total rotundidad que el cine es un arte más, no el séptimo, sino uno de los siete. Realizar una película del metraje que sea, supone un esfuerzo creativo, un derroche de imaginación y un trabajo en equipo tales que el logro del estreno eleva este producto sin ningún tipo de dudas a la categoría de obra de arte y no queda ya desmasiada gente por estos andurriales que se atreva a negarle al cine tal condición.

Andrew Tudor ya advertía el carácter homogéneo de la película cinematográfica cuando decía que esta requiere la conjunción de esfuerzos creadores y cuantiosas inversiones. Nos introduce así el factor económico, la realización de cine requiere una fuerte inversión y en esta línea Malroax llegó a afirmar que si bien el cine en sí es un arte, también es una industria. Esto lo vemos rápidamente con dos cifras: en España la producción de una película requería ya a principios de siglo una media de 2.000.000 de Euros, y si nos trasladamos a los EE.UU. esta cifra ya se nos dispara a cifras inimaginables para el ciudadano de a pie. Estas inversiones millonarias exigidas por la industria cinematográfica suponen que a la hora de abordar una producción se piense, incluso antes de comenzar, en los aspectos económicos, en cómo recuperar esas inversiones. Esto, paralelamente al aspecto artístico del cine, le confiere un carácter industrial, ya que la amortización del producto supone pensar en el cine en términos de negocio y, al resultar rentable y en ocasiones muy provechoso, el industrial del cine (el productor) convierte la producción en algo continuo y en una vía para “ganarse la vida”.

Hasta tal punto se industrializa el cine que ya se habla de un sistema económico cinematográfico, como hiciese por primera vez Enrico Giannelli en Economía cinematográfica (1953) donde reafirma sus teorías sobre el carácter de sistema económico complejo de la industria del cine. La productora se convierte en una empresa promotora, al estilo de las grandes constructoras de edificios de las ciudades, pues su fin principal es llevar a cabo la realización de un producto que se ha de vender en el mercado y cuyo fin ideal sería, para la empresa, la consecución de un máximo beneficio. Se piensa en la salida al mercado de la película incluso antes de su finalización, para evitar de este modo la devaluación del producto.

El “pensamiento industrial” llega a la producción cinematográfica ya con los primeros cineastas de la Pathe, incluido el propio Charles Pathe, que con su revolucionario plan de producción reúne a los primeros equipos de gente que se dedica de forma profesional al cine, crea el “germen” de lo que sería el star system y, sobretodo, piensa en el cine como piensan en él todos los industriales del cine de hoy en día, el cine como un negocio susceptible de generar beneficios. El control absoluto del cine que este francés logra será tan solo el inicio del desarrollo de una nueva industria que estaba siendo alumbrada en aquellos años, se trataba de la Industria Cinematográfica, que ha llegado a nuestros días, al siglo XXI como una industria muy potente y en la que todos los sectores han comenzado a fijarse en los últimos veinte o treinta años o incluso antes.

En los años ochenta la aparición y rápida consolidación del vídeo parecía abocar al cine a un trágico final, pues las salas comenzaron a cerrar, las producciones perdían calidad a favor de una realización pensada en la distribución directa en vídeo y televisión, etc. Pero el cine supo encontrar su sitio, el que siempre había tenido, el de “fabrica de sueños” y rápidamente lo compatibilizó con ese carácter industrial que nunca había perdido y resurgió. Aquellos pueblos en los que la única sala había cerrado han visto en los últimos años como se construían multicines, las afueras de las grandes ciudades ven aparecer centros comerciales que no pueden pensarse ya sin un buen conjunto de pantallas y la gente vuelve al cine, vuelve a querer ver esas historias en grandes pantallas, en su marco adecuado, como Las Meninas de Velázquez en el Museo del Prado, como el Don Juan de Moliere en el Liceo, como la Traviata de Verdi en el Teatro Real. El cine es hoy más que nunca un arte que merece y quiere ser visto en su ambiente idóneo, pero también es una industria que mueve millones de Euros (y Dólares) por todo el globo y que da trabajo a innumerables personas en todos los países, que requiere para sí un complejo sistema económico y que se piensa como un medio para hacer dinero.

El cine, amigos, es sin duda un arte, y solo los más descabezados iletrados serían capaces de no reconocerle tal status al séptimo en aparecer. Pero amigos cinéfilos, no nos engañemos con tabús bizantinos, el cine es por encima de todo industria, hacer cine cuesta dinero y cada vez menos, lo que no se puede rentabilizar, no se puede sacar adelante, hay que empezar a olvidarse del "papá Estado" en Europa, hay que dejar de pensar en el I.C.A.A. como principal sustentador de la creación cnematográfica, y empezar a planear métodos industriales para pagar la creación cinematográfica, porque, de la teta del Ministerio de Cultura no vamos a poder vivir siempre.

Pedro J. Vázquez